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Ayer juramenté como regidor de Lima, entre pifias y silbidos de los "solidarios", en el Teatro Municipal. Lo hice sin cruz ni biblia y de pie, según mis creencias personales y reafirmando la laicidad que estoy convencido deberían tener los actos oficiales en nuestro país. Desde ayer estoy al servicio de Lima y de todos ustedes. Lo hago con mucha alegría y honor, pero además con decisión para defender la construcción de una ciudad humana y moderna. Eso incluye asegurar una gestión municipal libre de corrupción. Estoy totalmente comprometido y con ganas de seguir trabajando por Lima.
Sobre la ceremonia de ayer no quisiera dejar de decir tres cosas.
Por un lado, al terminar de juramentar, confundido por las pifias y un par de comentarios ácidos que crucé con Castañeda sobre el "trabajo por hacer", olvidé saludar a quienes se encontraban en la mesa principal. No lo hice de forma intencional (aunque ya sabemos lo que dice Freud sobre los lapsus), pues considero que si uno acepta participar en el juego democrático, uno debe aceptar también sus reglas. Es por esto que apenas me di cuenta de mi error, me disculpé por tuiter. Hoy lo reafirmo. Es importante reconocer a quienes comparten el oficio público contigo por más que se encuentren en la orilla opuesta a ti. Ese es el sentido de la democracia por la que luchamos: compartir decisiones con aquellos con quienes no necesariamente compartimos opinión. El respeto en los espacios oficiales siempre debe guardarse.
Habiendo dicho eso, hasta ahora no entiendo qué hacía Ciprini sentado en la mesa principal de la juramentación. Tanto Castañeda como Ollanta Humala, nos gusten o no, son autoridades democráticamente electas que tienen la responsabilidad de representarnos a todos, pero Cipriani ni ha sido electo ni representa alguna institución del Estado. En un país en el que las políticas públicas se toman en muchos casos con intromisión de la Iglesia, la presencia del Cardenal en la mesa oficial no es gratuita ni inocua.
Finalmente, no quisiera dejar de hacer público mi apoyo absoluto a mi compañero de bancada, Nan Nuñez, por haber juramentado con el puño izquierdo en alto, conforme lo hace todo militante de izquierda. Así como un católico jura arrodillado ante una cruz y biblia, y un aprista lo hace con la mano izquierda levantada y abierta, la militancia de izquierda lo hace con el puño izquierdo en alto en todo el mundo. La crítica contra estas formas solo demuestra intolerancia y macartismo. Es una pena que esto siga siendo hoy motivo de discusión y no que en un Estado laico te obliguen a juramentar de una manera determinada o a hacerlo frente a un Cardenal. Eso debería ser lo verdaderamente polémico, pero nos dejamos apabullar por una tradición que nada tiene que ver con nuestros principios democráticos y orden político. Levantar la mano o no, jurar por Dios o por la patria, decidir hacerlo ante una cruz o invocando la memoria del líder histórico del partido, es una decisión personal que sí tiene que ver con principios políticos en el marco de nuestro orden democrático. Abramos los ojos y respetémonos.
- Ahora, a chambea




































Susana Villarán y Diálogo Vecinal cerraron su campaña con una actividad en la Alameda de la Integración,