Querido hermano, que injusta es la vida contra los buenos, no solo de pensamiento sino de corazón.
Distes una gran batalla, la mayor y más difícil de tus batallas, por la vida y nos han enseñado, como en la política, que sin luchas no hay victorias.
Y aunque no hayas podido ver y ser parte del cambio final tantas veces soñado del país, se te recordara siempre por lo que fuiste y aportaste desde tus trincheras para que eso fuera posible.
Hermano de sangre, del alma, tan temprano, nos veremos pronto en el mismo esfuerzo, por los mismos, los desconocidos y débiles de siempre, para que el mundo, nuestro país y la vida sea mejor. Gracias por todo los que distes y no siempre supimos corresponderte.







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