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sábado, 21 de febrero de 2015

RAUL WIENER "Espías otra vez"


Y Ollanta llevó a Palacio a Alan García y Keiko Fujimori a punta de espías para Chile, que es un tema al que ningún político se puede negar. Es como si se hubiera tratado de un espionaje a favor del gobierno que es el se sirve de la denuncia para cambiar la agenda a una que nadie puede negar. Hasta se podría dudar si los políticos realmente lamentan que el abogado de los acusados haya filtrado la información, dificultando las investigaciones, pero alentando un clima patriótico y un cierra filas con el gobierno al que hace unas horas se le perseguía implacablemente por supuesta corrupción.
Había que ver la cara super circunspecta del ego colosal, para entender cómo le molestaba la situación. Mientras Keiko andaba feliz con haber conseguido su encuentro privado con Humala, solicitado por carta, al que el gobierno no había respondido. Finalmente, Raúl Castro del PPC, no cabía en sí mismo con el reconocimiento que el gobierno le daba como líder político, que es lo que le niegan en su propio partido.
No es posible tener una idea de la gravedad del espionaje; mejor aún, qué es lo querría espiar Chile después del fallo de La Haya. Pero el tema se hace picante apenas se le menciona por las desconfianzas que subsisten con nuestro vecino del sur. Humala ha dicho que “sería gravísimo” si se confirma lo de los espías, lo que hace recordar un momento del segundo gobierno de Alan García en que también descubrieron espías y se enfriaron al mínimo las relaciones entre Lima y Santiago. Esto ocurrió en noviembre del 2009, poco después que el ego colosal lanzara la idea de un desarme entre los dos países, porque no había nada que los empujara a combatir.
A García lo madrugaron en Singapur haciendo público desde Lima que había un espía preso y, si el presidente quería arreglar algo con la presidenta Bachelet, le aguaron la fiesta y tuvo que regresar inmediatamente del Asia para convocar a los políticos a un cierra filas similar al que acaba de ocurrir y a enfrentar hechos graves con palabras como sólo él lo sabe hacer. Data de esa fecha la caracterización de Chile como una “repulsiva republiqueta de la envidia”, lo que ciertamente no le ha impedido viajar desde entonces varias veces al sur, y manifestar, entre envidia y temor, su rendición ante los progresos económicos y sociales de los chilenos. ¿Se acuerdan de la frase; “y si se enojan los chilenos”?
Hoy, Humala puede ganar un cierto apaciguamiento interno, pero no va a poder evitar un distanciamiento con la misma Bachelet, cuyo gobierno actual está bastante más a la izquierda que el anterior. La señal que envía la reunión de los políticos es que sí hay espionaje y que el gobierno acusa a Santiago por la hostilidad que esto representa.
21.02.15

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