Por: Tito Prado
Un sector de la izquierda limeña, Salomón Lerner y Antonio Zapata entre ellos, insiste en la tesis de que la izquierda peruana debe mirar al centro y buscar ahí nuevos aliados hacia el 2016.
Por supuesto esos personajes que hablan “desde la izquierda” no reparan en el hecho que precisamente eso fue lo que hicieron en el 2011 con la Hoja de Ruta que ellos mismos ayudaron a redactar y que sirvió a Humala para pactar con Toledo, con el resultado desastroso que todos conocemos.
Tampoco toman en cuenta que eso fue lo que volvieron a hacer al pactar nuevamente con Perú Posible en apoyo a la candidatura de Susana Villarán en la fracasada reelección al sillón municipal. Es decir, insisten una y otra vez en la misma receta del fracaso.
Ahora, ante las nuevas elecciones generales, la voz de orden de esos sabelotodo es “de la izquierda al centro”. Dicen que es la única manera de que la izquierda sobreviva. Proponen tomar en cuenta a Acción Popular, cuyo encumbrado líder García Belaúnde no cesa de chillar porque en Pichanaqui se haya cedido a la presión social… “metan bala” es el coro de la derecha ante la protesta de la gente y ahí esta ese “centro” que la izquierda anquilosada y esclerótica quiere enamorar.
No es casual que Yehude Simon, el ministro del “baguazo”, quiera ser tomado en cuenta. O que nuevamente piensen en Toledo a pesar de cargar con Ecoteba, o en Acuña y su billetera gorda, o en la vice presidenta Marisol Espinoza que nunca jamás dijo una sola palabra de reproche al giro a la derecha de su Presidente. O qué les quite el sueño poder contar con la candidatura del chef Gastón Acurio, muy respetable señor por cierto, pero cuya única credencial es ser buen cocinero y buen empresario.
Poco falta para que sugieran cerrar filas con un candidato oficialista (Urresti o Ana Jara) para hacer frente a Keiko y el Apra, como si hubiera en las filas del oficialismo algo distinto a aquellos. Dicen que a pesar de todo Humala encarna la democracia. O sea, algo así como que 55 muertos en las protestas sociales lo hacen menos malo porque los otros mataron más.
Esa izquierda hacer rato que abandonó la pelea, ya no cree en el pueblo, ni en sus luchas. Su realismo es tan limitado que solo piensa en los votos y las curules.
Otra es la historia que está por escribirse entre los que queremos un cambio de verdad. Vendrá desde distintas canteras, tanto de lo que fue el nacionalismo, como de la izquierda ambientalista, sectores progresistas y democráticos, así como del movimiento social. El gran reto es conquistar la más amplia unidad programática… difícil por cierto, pero no podemos abandonar la tarea sin siquiera haberlo intentado
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