¿Se abrirá una luz para el planeta? ¿Los poderosos del mundo abandonarán su prédica ambiciosa y perversa del tener, serán capaces de darse cuenta que ellos también están condenados si no adoptan la filosofía del buen vivir?
¿Los que creemos que es posible mitigar y adaptar, nos uniremos realmente con políticas eficaces y urgentes?
¿Habremos aprendido algo que cambie nuestro estilo de vida? ¿Seguiremos consumiendo sin medida, dejando una huella de carbono inmensa en cada una de las actividades, casi sin darnos cuenta?
¿El Perú, que ha acogido esta Cumbre, cambiará sus políticas forestales, del agua, de ciudades sostenibles, será firme en sus estándares ambientales o seguiremos como si nada hubiese pasado, aflojando cada vez más frente a quienes pisan fuerte?
¿La comunidad internacional asumirá su responsabilidad para que los compromisos que se firmen en París el próximo diciembre financien debidamente la mitigación y la adaptación o todo quedara en recomendaciones?
No es momento para discursos triunfalistas, eufemismos ni tecnicismos. Es el tiempo de los compromisos responsables con el presente y el futuro. La cuenta regresiva ya empezó.







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