SAN MARTIN DE PORRES

SAN MARTIN DE PORRESEN LINEA.COMSAN MARTIN DE PORRES

viernes, 12 de diciembre de 2014

Raul Wiener " Presidenta y guerrillera"


Así que a M le repele que una exterrorista marxista como dice que es la actual presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, haga brotar lágrimas de sus ojos al recordar las torturas y los asesinatos de la larga dictadura militar que asoló ese país (1964-1984) y que fue la primera de una amplia lista de regímenes uniformados que se impusieron en Suramérica en los años siguientes bajo el paraguas de los Estados Unidos.
Le repugna además porque cree que la represión fue alimentada por las opciones violentistas de jóvenes como Dilma que por entonces apenas superaban los 20 años de edad y porque el informe de la Comisión de la Verdad que emocionó a la presidente, distrae el foco planteado por el escándalo Petrobras, que presume terminará por comprometerla haciéndola más vulnerable a las presiones de la oposición.
Hasta ahí Aldo M, fiel a sí mismo y manipulador de la historia, refleja la enorme piconería que le producen los resultados de las más recientes elecciones en el subcontinente, en primer lugar y ante todo las de Brasil, que impidieron que Estados Unidos recuperara su influencia en este decisivo país. Pero Dilma, no fue nunca una “terrorista” que echaba bombas para sembrar miedo y debilitar la democracia. Lo que se sabe es que nunca participó en acciones armadas, aunque sí integró organizaciones de izquierda que tenían estructuras militares.
En Brasil la dictadura gorila surgió de una sola necesidad: la derrocar al presidente constitucional Joao Goulart, que era apenas un reformista, pero demasiado autónomo para el gusto de los grandes intereses económicos y para los planes de los Estados Unidos. Esa dictadura persiguió a la izquierda y las organizaciones populares con gran brutalidad. Decir que los grupos de guerrilla urbana que se organizaron en esos años fueron los que alentaron la violencia del Estado, es poner las cosas de cabeza.
Puede discutirse si las tácticas de Lamarca y Marighella, los líderes guerrilleros abrían alguna posibilidad de acabar con la dictadura o si no fueron una manera de sacrificar vidas en una utopía revolucionaria. Pero pretender que la Dilma que pasó varios años en la cárcel y fue sometida a torturas por sus captores, no fue alguien que se arriesgó a perderlo todo en una lucha desigual por sacar del poder a los gorilas mayores del subcontinente, sino una “terrorista” sin ton ni son, es como siempre, una muestra de majadería e insolencia, que encubre la falta de ideas.
Sobre Petrobras las investigaciones están yendo adelante y la Justicia en Brasil es mucho más independiente que lo que tenemos por acá, como que varios cuadros del partido gobernante están procesados y presos. Es una pena que el PT haya sido contaminado, aunque sea parcialmente, con la histórica corrupción del Estado brasileño. Nada indica, sin embargo, que Dilma haya tenido vinculación con ese escándalo. O que intente salvar a alguno de los comprometidos.
12.12.14

0 comentar esta entrada:

Publicar un comentario

escribe tu comentario aqui