"Si Dilma se apoya en la burguesía financiera y en el agronegocio, pierde el apoyo social que consiguió en la elección”
A mediados de noviembre se reunió en San Pablo, Brasil, la Dirección Nacional del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, el MST, para analizar los resultados de la segunda vuelta de las elecciones nacionales que finalmente dieron la victoria a la candidata del PT, Dilma Rouseff, que entre otros sectores contó con el apoyo del MST durante el “segundo turno”. Para conocer mejor la lectura del Movimiento, ZUR entrevistó a Joao Miguel Stédile de Río Grande del Sur, integrante de la Dirección Nacional por el sector de formación.
¿Qué evaluación hizo el MST de los resultados de la elección?
¿Qué evaluación hizo el MST de los resultados de la elección?
La coyuntura electoral fue resultado de un momento político muy específico de la lucha política brasilera, que mostró que el modelo de gobierno creado durante el “gobierno Lula” era un modelo de gobierno de conciliación de clases, con presencia de todas las clases y con muchos intereses, inclusive contradictorios. Ese modelo se agotó. El “gobierno Dilma” no es capaz, por una serie de motivos, de mantener esa coalición que va desde la burguesía financiera hasta la clase trabajadora más precarizada, ella no consigue atender al mismo tiempo todos esos intereses, sea porque hay un cambio en la coyuntura económica internacional, sea porque hay un cambio de postura de la burguesía financiera en relación al gobierno. Y este se reveló en la campaña electoral cuando nítidamente, el sector que antes apoyaban al gobierno como la burguesía financiera o el agronegocio, optaron por otras candidaturas de oposición. Entonces, en nuestra opinión, el debate debería ser cuál será el proyecto que gobernará el Brasil en los próximos cuatro años después del agotamiento del pacto que estableció el “gobierno Lula”, y en nuestra consideración ese debate no aconteció en la práctica, hubo un debate más simple entre si queremos retroceder ante el neoliberalismo o seguir avanzando en las conquistas. Fue menos programático y más simbólico, pero lo que quedó en evidencia es que había un deseo de cambios. Inclusive el crecimiento de Marina Silva en la primera vuelta fue una señal de que había un deseo en la población de cambiar, pero en la segunda vuelta quedó evidente que habían sectores que querían cambios, retornando al proyecto neoliberal, y había otro sector que decía que los cambios debían avanzar en las conquistas sociales.
En ese escenario ¿cuál fue la posición del Movimiento en la primera y en la segunda vuelta?
Históricamente, en las últimas elecciones el Movimiento ha orientado su militancia a votar candidatos de izquierda en la primera vuelta (1). Pero no ha indicado un único candidato, inclusive porque la izquierda ha disputado las elecciones siempre con varios candidatos, lo que varía mucho entre los 24 estados de Brasil. De esta forma el Movimiento a veces optó en un estado por un único candidato que tenía una historia de lucha junto a nosotros y que era casi “natural” apoyarlo, y en otros estados habían varios candidatos cercanos al MST por lo que se dejaba abierta la decisión, y cuando no había parlamentarios que nos apoyaron no se direccionaba el voto. Por su parte, en la segunda vuelta, históricamente el Movimiento ha apoyado a los candidatos de ideas más progresistas, la candidatura de Lula en 1998, 2002 y 2006, y la candidatura de Dilma en 2010. En estas elecciones en la primera vuelta el MST orientó a votar candidatos de izquierda pero no optó por ningún en específico; dialogamos con el PCB que tuvo su propio candidato (Mauro Iasi), con el PSOL que tuvo su candidata (Luciana Genro), dialogamos con la base social a la izquierda de la REDE, que apoyó la candidatura de Marina Silva. De esta forma, había posibilidad de que la base social del MST votase a esos candidatos, a pesar de que el apoyo mayor de la base era por Dilma. En la segunda vuelta, que por sus propias características permite polarizar la discusión, entendimos que no podíamos vacilar y era importante demostrar que se estaba apoyando a Dilma, no apenas señalando y apoyando, sino también participando de la campaña.
¿Qué evaluación hicieron de ese apoyo, de su receptividad y de la campaña en sí?
Para la militancia fue una decisión simple, porque la polarización de la segunda vuelta llevaba a eso, a tomar partido. Hubiese sido inconsecuente no tomar partido, con todas las críticas que el Movimiento tiene para el “gobierno Dilma” y a este proceso, y permitir un retroceso al neoliberalismo. Fue importante que hubiera participación del MST para que los sectores del gobierno, que estaban más alejados de los movimientos sociales, pudieran reconocer que la victoria de Dilma en la segunda vuelta sólo fue posible por la antigua militancia del PT y de los propios movimientos sociales, que conquistaron esa pequeña diferencia de votos que permitió el segundo mandato. Entonces, esa participación fue muy importante como acto político, porque también obligó al gobierno a realizar una autocrítica sobre su relación con los movimientos sociales y a reconocer su fuerza dentro de la coyuntura política brasilera.
Pensando en estos 12 años de gobiernos del PT ¿qué balance hace el MST, en particular con respecto a las luchas de los movimientos del campo y la lucha por la reforma agraria?
Como decía, el “gobierno Lula” fue resultado de una conciliación de clases, partes del PT inclusive dicen que fue un gobierno de resistencia y alternativa al neoliberalismo, incluso para aquellos sectores de la burguesía que tuvieron pérdidas con el neoliberalismo como la burguesía industrial. Pero fue un gobierno que desde un primer momento señaló que no iba a causar pérdidas al capital financiero internacional, entonces el capital financiero estaba dentro del gobierno con sus representantes, con sus intereses, la burguesía industrial, el latifundio, el agronegocio, y también sectores organizados de los trabajadores. Los dos primeros gobiernos de Lula trabajaron dentro de una lógica donde era posible reducir la tasa de interés, es decir, bajar las ganancias de los banqueros, manteniendo una política económica ortodoxa, aumentando las políticas sociales. Que los magros recursos que dejaba de ganar el capital financiero, mismo siendo escasos, producían un gran impacto social, lo que es verdad, y la principal política de Lula fue el aumento real del salario mínimo brasilero, hubo un aumento en el poder adquisitivo de los trabajadores, y hubo un conjunto de políticas que permitieron reducir la informalidad, o sea que hay más trabajadores con derechos reconocidos (licencias, jornada de trabajo, aportes para la seguridad social) que eran banderas históricas de lucha, y que fueron reconocidas e incorporadas por el gobierno. Al mismo tiempo, la burguesía financiera y el agronegocio tenían grandes ganancias, fueron los dos sectores más beneficiados económicamente.
En la cuestión agraria fue un gobierno que optó por no enfrentar el latifundio, algo que permaneció y se acentuó durante el “gobierno Dilma”. Durante los dos gobiernos de Lula (2002-2010) se asentaron en el entorno de 300.000-400.000 mil familias, mientras que el gobierno de Dilma fue el peor gobierno civil para la reforma agraria, con índices por debajo de las del último gobierno militar. Entonces en la disputa de este gobierno de conciliación de clases en el campo, el agronegocio siempre fue hegemónico, inclusive ideológicamente, el agronegocio convenció a amplios sectores del gobierno y de la izquierda de que no había más necesidad de realizar la reforma agraria en Brasil, y que el agronegocio había resuelto los problemas del campo brasilero al producir para la exportación y traer divisas internacionales necesarias para mantener la política económica ortodoxa. Y que obteniendo altas productividades con transgénicos y con monocultivos, resolvió la cuestión de la balanza comercial. En el gobierno de Lula aún había una idea de que podían coexistir el agronegocio y la agricultura campesina. En la cabeza de Lula el agronegocio haría monocultivos para la exportación y traería divisas, y la alimentación de la población vendría de la agricultura campesina. En el gobierno de Dilma ni la idea de la coexistencia existe más, es apenas la hegemonía del agronegocio en la agricultura, y el discurso que el gobierno adoptó es que las políticas ahora no deberían ser de reforma de la estructura agraria, sino de mejora de la infraestructura de los asentamientos [nombre que reciben la unidades de producción donde se asienta a los campesinos sin tierra], y esto justificaría menos inversión para la compra de tierras y más inversiones para los asentamientos, lo que también es relativo ya que la gran política que Lula dejó para los campesinos fueron las políticas de la Compañía Nacional de Abastecimiento, que es el programa de compra de alimentos, y se estableció un programa donde, de cierta forma, el Estado interviene en el mercado, en el precio de los alimentos, comprando la producción de los campesinos. Esa producción es utilizada para hospitales, escuelas y otras dependencias donde el Estado garantiza la alimentación, comprando anticipadamente (financiando la producción) y pagando por encima del precio del mercado. Esa política fue fundamental para estructurar los asentamientos y aumentar la generación de ingresos, además de poder organizar la producción de otra forma, de garantizar la compra, que es la gran diferencia, ya que el agronegocio en Brasil, así como también en Uruguay, no produce alimentos, en Brasil produce caña de azúcar y maíz para combustible, eucalipto para celulosa y soja que es usada como combustible o como ración de los animales en Europa. Este programa de adquisición de alimentos permitió que nosotros estableciésemos esa diferencia. El agronegocio usa las tierras como mercancía y para la producción de combustibles, la reforma agraria usa las tierras para la producción de alimentos saludables.
A partir de la lectura que hacen del agotamiento de un ciclo y del resquebrajamiento del pacto de clases ¿qué análisis hacen del desarrollo futuro de las luchas sociales en general y en el campo en particular?
¿Cuál es la novedad de las elecciones? Durante el “gobierno Lula”, el gobierno al ser el legitimador, el mediador de ese pacto de clases, traía todos los debates de la sociedad para sí, intentando resolverlos él mismo, entonces de cierta forma impedía que los debates aconteciesen en la lucha de clases, en las calles. El “gobierno Dilma” no tiene la capacidad de hacer eso, y tendrá menos capacidad aún en este segundo mandato, porque no tiene más el acuerdo de todas las clases. Si Dilma se apoya en la burguesía financiera y en el agronegocio, pierde el apoyo social que consiguió en la elección. Si, por el contrario, se apoya en las organizaciones sociales se gana la oposición permanente de la burguesía financiera y del capital internacional, entonces no existe más la posibilidad de mediar, precisa tomar una posición. Independiente de que posición tome, esto es importante, ahora el protagonismo vuelve a las calles porque o los movimientos sociales presionan al gobierno para que vaya a la izquierda, o los movimientos sociales van a tener que organizarse para combatir los retrocesos que el gobierno va a promover. Porque cuál es la agenda de la burguesía financiera, reducir derechos e inversiones sociales, entonces o los trabajadores se organizan para más derechos y más conquistas sociales, o se organizan para resistir la pérdida de sus derechos, no hay posibilidad de permanecer parado en este momento, o de esperar el posicionamiento del gobierno.
Y en el campo las contradicciones tienden a aumentar, porque el proyecto del agronegocio es hegemónico pero genera muchas contradicciones: ambientales, como el uso intensivo de agrotóxicos (hoy Brasil es el principal consumidor mundial de agrotóxicos), o el hecho de que no produce alimentos. Entonces la estrategia del MST para el campo es construir alianzas con la sociedad urbana, para que los trabajadores urbanos perciban que solamente la reforma agraria puede producir alimentos saludables para la mesa de los trabajadores, y que por tanto el trabajador urbano también es un interesado en que haya reforma agraria, y en que se debilite al agronegocio, inclusive para su salud. Esto implica, también en el campo, como forma de enfrentar al agronegocio, buscar alianzas con otros sectores que están menos organizados, como los asalariados rurales y los asalariados de la agroindustria.
Por último, a partir de las movilizaciones de junio de 2013 durante la Copa de las Confederaciones ¿qué evaluación hicieron sobre estas y qué posibilidades tienen de reeditarse en el futuro próximo?
En el Movimiento hay un consenso sobre lo que aconteció en junio, en nuestra opinión hubo una primera ola de movilizaciones organizada por el Movimiento Passe Livre contra el aumento de las tarifas de ómnibus. Esto es muy importante porque hay un sector posmoderno que intenta dar una idea de espontaneidad en las manifestaciones, cuando en realidad fueron el resultado del movimiento social organizado que trabajó durante seis mesas para que las movilizaciones ocurrieran. Esa primera ola de manifestaciones es fuertemente reprimida por la policía en los estados de San Pablo y Río de Janeiro. La violencia exagerada de la policía llevó a la solidaridad de los sectores que no estaban en la lucha, inclusive de la clase media. Voy a dar un ejemplo muy ilustrativo; los diarios Folha de Sao Paulo y Estado de Sao Paulo, ambos representantes del pensamiento conservador en Brasil, en el día de la segunda o tercera manifestación publican un editorial criticándolas, en la tarde en la movilización la violencia policial fue tan fuerte que los periodistas de estos diarios fueron reprimidos, inclusive una periodista de Folha perdió un ojo, el editorial al día siguiente fue condenando la violencia y defendiendo las movilizaciones, cambió completamente el discurso en 24 horas. Este exceso policial lleva a una segunda ola de manifestaciones, en solidaridad de los estudiantes que salieron en la primera ola, y que trae nuevas banderas de lucha -que en la opinión del MST eran banderas que pedían más presencia del Estado en la sociedad- pedían más hospitales, más educación, mejor transporte, y mismo que en los carteles no dijera “más Estado”, nadie pedía privatizaciones. Entonces esta segunda ola también tiene un carácter progresista, aunque fuese desorganizada, había un contenido de izquierda presente. Finalmente en un tercer momento la derecha brasilera percibe la posibilidad de transformar las movilizaciones en acciones de oposición al gobierno, y pasan a intentar secuestrar la dirección del proceso hacia un discurso nacionalista, conservador, y con una tónica muy débil sobre la corrupción porque no cuestiona quién es el que corrompe, intentando colocar la idea de que el gobierno era corrupto y que las manifestaciones eran contra la corrupción. Cuando esta tercera ola acontece hay violencia contra militantes de izquierda, mucha confusión, se pierde la dirección de las manifestaciones, ahí los sectores de izquierda inteligentemente dejan de convocar las manifestaciones y la derecha no consigue seguir convocándolas. A pesar de eso había una coyuntura específica, porque Brasil estaba pasando por la Copa de las Confederaciones y se estaban inaugurando muchos estadios de fútbol muy caros, por lo que había un paralelo hospitales/estadios. Además hay que tener presente que lo que Brasil gastó durante ocho años en obras públicas para recibir la Copa del Mundo corresponde a tres semanas de ganancias del capital financiero, que son en el entorno de 8.000 millones dólares.
En lo que no tenemos certeza en el MST es sobre la posibilidad de que se reediten las movilizaciones. Hay compañeros que consideran que fue un momento coyuntural muy específico y que por estar en un momento de descenso de la lucha de clases hay grandes dificultades para que se repita. Y hay otros compañeros que opinan que hay posibilidad de que se repitan, en tanto hay necesidad de cambios en la sociedad, hay desgaste y disconformidad con la clase política, y hay una necesidad de mayor participación popular cuando el gobierno es incapaz de resolver los problemas estructurales. No obstante, en el caso de que hubiesen nuevas manifestaciones, estas estarán en disputa, ya que los sectores que fueron a las movilizaciones, la clase trabajadora precarizada y la clase trabajadora mejor remunerada, la “clase media”, pueden ser dirigidas tanto por la derecha como por la izquierda. Entonces es sobre el futuro de las movilizaciones que no tenemos aún elementos suficientes para concluir, pero la opinión del MST es que hay necesidad de impulsar las luchas sociales en el medio urbano, en particular en torno al tema de la vivienda y de la movilidad urbana.
(1) En Brasil la elección de los parlamentarios es al individuo, y no por lista partidaria como en Uruguay.







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