SAN MARTIN DE PORRES

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lunes, 27 de octubre de 2014

CARTA DE INVITACION A LOS MARIATEGUISTAS


En el Perú, todavía existen quienes piensa

que se puede agarrar la luna con la mana o
tomar el cielo por asalto o arrebatar el fuego
a Los dioses. Todavía hay quienes creen que
las cosas pueden cambiar y que la revolución es posible”.
Alberto Flores Galindo.
"Tiempo de Plagas".

Estimados camaradas, amigos y amigas:
Nos es grato dirigirnos a ustedes para saludarlos cordialmente y al mismo tiempo compartir nuestras preocupaciones y apreciaciones sobre el itinerario que ha tenido en los últimos años la llamada “nueva izquierda”, surgida en nuestro país en los años de 1960, en el contexto de las luchas campesinas por las tomas de tierra, la gesta guerrilleras del MIR de 1965, la Revolución Cubana y la figura señera que reivindicara al hombre de Ernesto Che Guevara. Nueva izquierda, que retomara el socialismo creador del Amauta José Carlos Mariátegui, largamente olvidado por la ortodoxia de los viejos PCs (Unidad y Patria Roja).
Desde entonces han pasado ya 54 años, en cuyo ínterin se encuentran por un lado, la fundación de Vanguardia Revolucionaria, los cinco MIR, PC-Clase Obrera y PC-Trinchera Roja, pasando por la constitución de la Unidad Democrática Popular (UDP), la Unidad Mariateguista, hasta la fundación del Partido Unificado Mariateguista (PUM) el 23 de octubre de 1983. El Primer Congreso significó un punto de viraje de la tendencia a la fragmentación de la izquierda, éste significaba el intento más serio, aunque quizás tardío, de revertir la tendencia a la derechización de la izquierda peruana.
Asimismo, en Junio de 1988, tras un intenso debate que polarizo al Partido tuvo lugar nuestro II Congreso Nacional. Congreso histórico no solo por sus repercusiones sobre el conjunto de la izquierda peruana, sino también por la atención que concitó en el conjunto del país. El II Congreso aprobó una estrategia de poder cuya vía se sintetizo en la tesis de desarrollar la lucha democrático-revolucionaria de las masas hasta su transformación en nuevas formas de lucha orientadas al derrocamiento del poder burgués. Acorde con ella nos propusimos una táctica ofensiva cuyo eje era culminar la construcción de una fuerza política de masas capaz de ganar hegemonía, generar crisis y dar saltos estratégicos. Asumimos como principio la integralidad y la simultaneidad de las diversas formas de lucha. Nos propusimos construir instrumentos nuevos y modificar cualitativamente el Partido: de aquí la idea del viraje partidario. Estas tesis que fueron el núcleo del debate, los alineamientos y el zanja miento congresal tuvieron no solo un manejo liberal y superficial, distinto y hasta contrapuestos niveles de comprensión en el Partido. 
Nuestros acuerdos incluían la caracterización de las estrategias de derrota y un inicial zanja miento con ellas: el reformismo y el dogmatismo militarista.
El II Congreso se centró en la Estrategia, no trato seriamente los temas programáticos e ideológicos. Esto a pesar que éstos estaban a la orden del día en el Partido y la izquierda (debate con los Zorros, con la llamada Convergencia Socialista, con el dogmatismo senderista). Más aun en el país y en el mundo: son los años de la perestroika soviética, la reforma china y la rectificación cubana; los años cumbres de Reagan, Thatcher y la ofensiva ideológica neoliberal; de reubicación e intento de relanzamiento de la social-democracia (F. González y Mitterrand, Alan García, etc.). Esta carencia llevo no solo a que el PUM no se armara para entender los cambios que se produjeron en los años siguientes, sino también a producir una peligrosa escisión entre dos características constitutivas del proyecto mariateguista: la radicalidad y la renovación. La ausencia de un programa coherente con la estrategia aprobada contribuyó al abstencionismo político en el que incurrimos en adelante. 
En la actualidad asistimos a la derechización y burocratización de vastos sectores de izquierda, que no solo afecta la relación dirección bases en el seno de los partidos, sino también la relación dirigencias-masas en el seno de las organizaciones populares. Ciertamente éste es un fenómeno más profundo; tiene su raíz en un creciente alejamiento entre la política y la sociedad, es decir, una ruptura entre lo social y lo político, donde lenguajes y estilos de hacer política, difieren largamente de las formas de vida cotidiana de millones de ciudadanos, trabajadores, pueblos indígenas, mujeres , habitantes urbanos y rurales pobres del país.
Esta realidad tiene diversas causas, una de ellas es la reducción de la actividad política partidaria a relacionarse solamente con algunos de los aspectos de la vida cotidiana del país. Durante muchos años con la dinámica reivindicativa, económica, gremial. En los últimos años con la actividad vinculada a la "política" entendida ésta como solo representación ante al estado. Ambas formas de relación dan muestras de agotamiento histórico. La primera por el general deterioro de la actividad productiva y de las identidades que emergen de ella. La segunda por la crisis de la política representativa que afecta a todo el sistema de representación política de nuestro país.
El enorme retraso en el estudio de los cambios estructurales que se producen en la sociedad peruana, unido a criterios esquemáticos sobre la definición de las clases sociales, han impedido percibir con mayor antelación el surgimiento de los sectores de la llamada economía informal (PYMES; MYPES) y el importante rol que juegan en las ciudades y en el escenario nacional. Por ello, no se logra recoger sus aspiraciones ni reconocer sus formas de vida, de pensamiento y de representación; el vasto movimiento de informales en disputa entre el neoliberalismo y formas de populismo; así como, las organizaciones de sobrevivencia, dan cuenta de una enorme disgregación y ausencia de una clara hegemonía política socialista creadora, más por el contrario peligrosos rasgos de asistencialismo y clientelismo, y Aquí el fujimorismo tiene su principal base social.
La pérdida de peso social y político y el repliegue de la clase obrera, así como la intensa diferenciación en el campo, han debilitado los pilares fundamentales de base social de lo que fue la nueva izquierda. En los llamados barrios populares, hoy verdaderas ciudades (las varias Limas) las formas de organización tradicional orientadas a reclamar al estado por servicios estan en crisis. Lo que se ve ahora son sectores medios emergentes que han cambiado el mapa social, dando cuenta de nuevos escenarios políticos. Las organizaciones Juveniles universitarias casi han colapsado. Otros movimientos y sectores que tradicionalmente se suponían de izquierda (mujeres, intelectuales, cultura) o se han debilitado o han optado por desarrollos sectoriales y temáticos.
En el camino el debate hacia el Congreso de IU fue, en lo fundamental, la extrapolación del debate partidario. Sus ejes estuvieron en la estrategia (evolutiva o de ruptura) y el programa. En los últimos meses encontró concreción en relación a la táctica frente a la crisis del gobierno aprista. Mientras el PUM planteaba la huelga general y el adelanto de elecciones (como salida política intermedia) las demás fuerzas de lU se limitaron a una táctica defensista en espera de las elecciones. Sobre esta base se buscaba neutralizar las vacilaciones y eclecticismo de los documentos bases ganando a las fuerzas que los respaldaba. Sin embargo no logramos articular una fuerza hegemónica alternativa y terminamos avalando una dirección centrista y vacilante. 
Nuestra táctica en lU no logró acumular fuerzas más allá de declaraciones conjuntas y generales del llamado "bloque revolucionario" (PUM, UNI, FOCEP), No logramos romper el abstencionismo político que se expresaba en la decisión de "no hacer olas", preparar un hipotético gobierno de IU, y las ó interminables negociaciones con los barrantistas que tenían tomada una decisión de ruptura. 
En este contexto se produjeron las elecciones de 1990, el desgaste y aislamiento de la alternativa gran-burguesa, así como la crisis de sus opositores llevaron a una situación de vacío de representación que fue cubierto por la candidatura de Fujimori. Afirmamos entonces: “Los resultados electorales son una dramática expresión de la crisis política, un salto en su institucionalización. El sistema de partidos ha sido golpeado, la mayoría nacional le ha dió el triunfo a Fujimori. Se ha hecho patente la profundidad de la crisis de la vanguardia: desajuste programático, agotamiento de liderazgo, débiles lazos con las masas. Las perspectivas son de alta inestabilidad: estamos frente al gobierno más precario de nuestra historia.
Hasta aquí un poco de los antecedentes históricos de la “nueva izquierda” y especialmente del Mariateguismo.
Por otra parte los resultados electorales municipales y regionales del 5 de octubre del año en curso, confirman por un lado, la aguda crisis del sistema de representación política, y como consecuencia de ello, la debacle de los llamados partidos “nacionales”, los resultados obtenidos por cada uno de ellos, dan cuentan de ésta cruda realidad.
La elección de la señora Susana Villarán en el 2010, representó en su momento un cambio en la correlación de fuerzas, respecto de la hegemonía de la derecha neoliberal en Lima Metropolitana, que como sabemos por su volumen electoral termina imponiendo al resto del país al presidente de la república. Entonces, si esta era la situación que marcaba la realidad política, inmediatamente surge una pregunta: ¿Cuál era la misión política que debía llevar adelante la alcaldesa de Lima Metropolitana, además de una gestión participativa y eficiente? Evidentemente quedaba claro que, debía en primer lugar consolidar políticamente el agrupamiento de fuerzas que le permitió su victoria electoral, en segundo lugar, propiciar un espacio de articulación y organización del 36% del caudal de los votos ciudadanos. Es decir darles cauce organizativo y de representación a los ciudadanos y ciudadanas que la eligieron. Esta era pues la tarea fundamental a llevar adelante, si se pensaba impulsar un programa de gobierno metropolitano de reformas, como las del comercio mayorista de alimentos y del transporte urbano.
Ello suponía comprender objetivamente, que los procesos de cambios para ser tales, requieren esencialmente contar con fuerza social y sujeto político, para que le den sustentabilidad a las reformas municipales. Lo que estamos diciendo, constituye el ABC de la teórica política, no estamos descubriendo nada nuevo. Antes de avanzar en esta perspectiva, por el contrario, desarmó al núcleo de fuerzas que la acompañaron, y más aún le imprimió un enfoque tecnocrático a su gestión, renunciando a toda forma de política, desarrollando una relación mediática con la ciudadanía; y una lógica de trabajo prioritario con la CONFIEP para la construcción de las obras. 
La derecha en su conjunto entendió claramente que, el problema que tenía entre manos, era remontar a su favor la derrota que había sufrido en Lima; y por eso desarrolló una sistemática campaña de demolición, mediante el control de los medios de comunicación, el apoyo abierto a la revocatoria, que si bien no logró revocarla, no obstante, licuaron su base de regidores dejándola sin mayoría en el Concejo. Este comportamiento de la derecha neoliberal, reflejaba una estrategia clara de lucha por retomar el control poder en la capital. Obviamente, esto requería de parte de la señora Susana Villarán y su grupo político, responder políticamente y no tecnocráticamente como lo hizo. Se desvalorizó así la importancia de dotarle a la gobernabilidad metropolitana de un enfoque político integral: En la base de ésta lógica política los resultados obtenidos eran absolutamente previsibles.
Por otro lado, el llamado Frente Amplio de algunos sectores de izquierda, una vez más demostraron su total incapacidad para darle forma orgánica y cauce político a las expectativas que muchos sectores de bases tenían sobre dicho frente. En estos días, leemos y escuchamos muchas ideas sobre los resultados electorales, no obstante, vaciados de contenidos y espíritu autocritico.
Lo que ha sucedido en el país, y esto es propio de coyunturas de resolución estratégica, es que las identidades y comportamientos político-sociales se han autonomizado de las reivindicaciones económicas inmediatas y se redefinen en torno a temas más bien de mediano plazo: la estabilidad global, el proyecto a futuro, la ubicación en el mundo. Que esto esté hegemonizado por el neoliberalismo no le quita su carácter histórico. 
Esta forma de izquierda ha perdido en estos años el "hilo conductor de la realidad" por mantenerse en un paradigma economicista, reduccionista, ha abandonado en la práctica el marxismo y sobre todo el pensamiento y espíritu del Amauta J.C. Mariátegui, quien no en vano dedico apenas 22 páginas de sus Siete Ensayos a la economía y más de 200 a la religión, la educación y la literatura, es decir a las identidades, al factor subjetivo. Pareciera que en vano se ha leído la obra de Tito Flores, que comenzó explorando la historia del proletariado minero y terminó escribiendo la historia de una idea colectiva, de una utopía a partir de mitos, sueños y pesadillas, y novelas. No se han sacado todas las conclusiones de nuestra afirmación acerca de la crisis integral. Ésta es, en lo esencial, una crisis de la representación global deI país y de nosotros mismos, de los valores y éticas colectivas. Y es simultáneamente descomposición y recomposición. Ha sido y es un gravísimo error atar nuestras aspiraciones mariateguistas y su vigencia a las viejas formas de vida, de lucha y de comunicación.
La derechización-burocratización de esta izquierda es más visible seguramente en los espacios de representación pública. Tuvo expresiones dramáticas en el rechazo a los "políticos" tras el golpe del 5 de abril de 1992. Que aún continúa presente y atraviesa al conjunto de la sociedad, Se expresa en los partidos de la izquierda actual, en el que predominan los funcionarios, sean estos representantes ante el estado, dirigentes gremiales, "profesionales" de la política, promotores de ONGs. Se expresa en dirigentes sindicales que están desvinculados de la producción, en dirigentes campesinos que no trabajan la tierra hace años, cuando no décadas, en intelectuales que no producen más allá de evaluaciones de coyuntura. etc. Esto se condensa en un lenguaje incomprensible para el país real, en formas de organización y militancia no solo ajenas a los pueblos, sino hasta contradictorias con las formas de la vida cotidiana hoy. En una palabra, lo social cambió de tal manera que no puede ser representado bajo las viejas formas de organización participación y movilización.
El "roto vínculo con las cosas", que angustiaba tanto a José María Arguedas en la medida que le impedía comprender el país y expresarlo, también se expresa en la política y en particular en la izquierda. Desde una relación artificial con el país real es imposible gestar y conducir un proyecto de transformación revolucionario. La relación establecida a partir de la representación política ante el estado o a partir de la conducción gremial-reivindicativa o, más aun, desde una ONG, son hoy relaciones bastante artificiales. Es una ilusión pensar que se puede recomponer una relación histórica y estratégica desde el asistencialismo. Con éste se generan clientelas, no militancia. Es un error pensar que los problemas de los partidos o los gremios son, en primer lugar, problemas de recursos.
Convencidos de la necesidad de retomar el hilo conductor y de vinculo de relación con la sociedad, reconociendo que el Mariateguismo en su momento representó no solo ser la fuerza más grande la izquierda revolucionaria peruana, sino sobre todo sangre y corazón de la revolución. Y considerándonos herederos del más grande pensador marxista peruano y latinoamericano, nos vemos en la necesidad histórica de retomar el camino del legado revolucionario mariateguista, los invitamos a reencontrarnos nuevamente este 23 de octubre que como dijimos al comenzar esta carta, constituye una fecha memorable, que simboliza la fundación del mariateguismo.
Los propósitos que animan a reencontrarnos lo podemos resumir en lo siguiente:
1. Nuestro país es escenario de procesos de renovación, existen fuerzas para encarar y superar la crisis de la política, Pero esto solo es posible reconociendo sus reales características y dimensiones. La lucha entre -lo nuevo y lo viejo se ha redefinido en estos años. No está en los discursos, ni en las imágenes. Está en el ser social peruano, los pueblos amazónicos en el Baguazo nos dieron una enorme lección a este respecto. Se plantea entre quienes, atados a esquemas caducos, con un discurso "izquierdista" o "de derecha", poco importa, quieren seguir haciendo política en condiciones que no existen más y quienes están dispuestos a iniciar una nueva "Larga marcha" hacia el país real, hacia la vida concreta para desde allí construir poder popular. Para allí encarar la crisis integral, volver a aprender a hablar deI Socialismo y construirlo a partir de las prácticas materiales, los sueños y representaciones del Perú popular del siglo XXI.
2. Quienes discrepamos de esta forma de ser izquierda agotada en el país, creemos esencial retomar la tarea de construir un proyecto estratégico de poder popular, priorizando los espacios locales y regionales, organizando la resistencia activa de las masas y los pueblos, dándole concreción en las nuevas condiciones a la integralidad y la simultaneidad de las diversas formas de lucha. La experiencia acumulada acompañando la Cumbre de los Pueblos el 2008 y Rebelión Amazónica del 2008-2009, nos dan la clave a seguir y en eso va nuestro compromiso con la historia, retomado el legado y espíritu del Amauta José Carlos Mariátegui, por cuanto constituye la forma de ser marxista en el Perú.
3. La imperiosa tarea de repensar la identidad de la izquierda mariateguista de hoy, avanzar en la tarea de construir el Programa del Socialismo, recogiendo las vertientes sociales de la Vida Plena Amazónica, el Buen vivir Andino, así como el debate acerca de un nuevo tipo de Estado incorporando la plurinacionalidad
4. En este camino forjar una plataforma político-programática de un nuevo tipo de unidad de los socialistas, en la perspectiva de forjar las herramientas de la revolución, esto es vanguardia, sujeto social, frente, comunicación, entre otras.
Mariateguistamente
Roger Muro Guardian
Sebastián Tello del Carpio
Ricardo Benavides Duglio
Humberto Rodriguez
Liliana Quevedo

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