OPINIÓN de Raúl Wiener, Perú.- En el Perú existe una apreciación generalizada acerca de su presidente que lo ubica como una persona medrosa, débil, a la que se puede asustar con asuntos como: te vamos a parar el crecimiento (Castilla-CONFIEP) o te voy a dejar mal en público (Heredia). La percepción es tan acentuada que muchos no reconocen al militar autoritario que antes creían que era, así como la izquierda tampoco puede encajar la imagen del radical que era cuando candidato con la del gobernante sometido a lo grupos de poder económico que vemos todos los días.
Es obvio que Humala no era lo que se creía de él, ni en el lado de los que estaban asustados con la posibilidad de que ganara las elecciones, ni en el de los que se sentían esperanzados de ser escuchados a través de él. Puede que para unos haya sido un alivio descubrir que era menos temible de lo que pensaban y para otros una gran decepción. Pero por lo que se puede ver en las encuestas es cada vez más difícil encontrar quién pueda estar contento con el producto final. La debilidad para gobernar le costó a Toledo cifras de aprobación de un solo dígito y a Belaúnde un golpe de Estado en 1968.
A Humala se la están cobrando en una falta creciente de respeto que va desde chismes e insinuaciones perversas sobre su vida personal, apodos zahirientes, editoriales insolentes, puyas congresales y mal humor en las calles. Sin embargo, a pesar de toda esta imagen deplorable y del franco descenso en las encuestas, hay analistas y una parte de la población que puede decir a la vez que es un “cosito” y que está preparando un autogolpe de Estado del estilo de Fujimori de 1992. Algunos lo ven urdiendo intrigas a lo Montesinos y apuntan a la confusa vigilancia otorgada a López Meneses como prueba de la conspiración.
También hay de los que dicen que en vez de Humala la que gobierna es su esposa pero que de alguna manera creen que ella podría salirse pronto del gobierno para postular el 2016, que es por donde ingresa la bomba de Simon sobre que estarían a punto de divorciarse y lo del hijo extramatrimonial. Pero, ¿qué decir?, ¿en un presidente sin poder que va a tomar todo el poder?, ¿es un gobierno en pareja que está a punto de terminar? Voy a responder como lo veo: creo que Humala es incapaz de otro plan que no sea seguir la tendencia de los últimos años, de trasladar cada vez más poder a la tecnocracia, con la intermediación de su mujer, y depender cada vez más de ellos. Ese es el gobierno que tiene el visto bueno de la CONFIEP y el que le da alguna seguridad al que sufre de inseguridad crónica. ¿O es que no era “cosito”, después de todo?







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