Las sugerencias de que se nos ahorre una nueva elección para 22 regidores accesitarios que acaban de asumir provisoriamente hace pocas semanas han sido desestimadas por el JNE.
De modo que volveremos a las urnas en Lima dentro de unas siete semanas, en lo que para todo fin práctico podría funcionar como un nuevo intento de revocatoria a la alcaldesa.
Si Susana Villarán no logra reponer sus regidores, su gestión quedara atada de manos, con fuertes posibilidades de que se amplíe la quinta columna dentro del municipio. Para evitarlo tendría que hacer algo equivalente a la campaña del NO en marzo pasado. Hasta el momento Fuerza Social y sus aliados no han dado señas de estar en ese ánimo.
La mejor opción sería que se presenten y ganen grupos con un interés por participar positivamente en la gestión de Villarán, con el ánimo de sucederla. Lo que viene a la mente son los partidos que se unieron al NO, o incluso algunos que se mantuvieron al margen de la contienda. Así se completaría cualquier cifra de regidores que obtuviera FS.
Pero este buen deseo tiene problemas de viabilidad, puesto que varios partidos rivales de Villarán van a participar en esos comicios, con reales posibilidades de rebanarle la mayoría a la alcaldesa. Lo cual, a pesar del poder que tiene el cargo en sí mismo, la dejaría en condición de pata algo renga hasta el final de su mandato.
Sin embargo, el argumento central de la elección de julio próximo es el mismo que salvó a Villarán en marzo pasado: no conviene sabotear una gestión municipal en marcha. De otra parte, no da la impresión de que los operadores líberos o partidarios del SI hayan fortalecido su posición frente a los vecinos en estos pasados meses.
Pero si la idea de continuidad ganó en el caso de la alcaldesa, la idea de que convenía un cambio de los regidores de FS ganó el resto de la elección. Solo que en estos comicios no se tratará de derribar sino de elegir nombres nuevos. Es decir, no una revocatoria sino una competencia entre partidos. ¿Les conviene?
Habría que ver si a Luis Castañeda, el aspirante N°1 a reemplazar a Villarán, le conviene respaldar a candidatos calichines aspirantes a regidores. Como se le dijo en marzo, lo serio sería tener la paciencia de esperar hasta el 2014. Además a ningún caudillo le gusta ver su membrete partidario en manos de otra persona, ya lo hemos visto.
De modo que quizás no veamos una gran batalla por regidurías, sino un discreto desplazamiento de movimientos independientes a la pesca de publicidad y algún cargo. Salvo que el partido nacionalista se anime a presentar lista, algo que arrastraría a los principales grupos opositores a la pelea. En ningún caso tiene Villarán mucho que ganar con el asunto.
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